DIA INTERNACIONAL DEL LIBRO INFANTIL 2016

2 de Abril
-2016-
Como cada año, desde la Asociación EDELIJ adherimos a la celebración y compartimos el MENSAJE DEL DÍA INTERNACIONAL DEL LIBRO INFANTIL 2016:

Desde 1967, el 2 de abril, con el propósito de conmemorar el nacimiento del escritor danés Hans Christian Andersen, el IBBY (International Board on Books for Young People) promueve la celebración del “Día Internacional del Libro Infantil” a fin de promocionar los buenos libros infantiles y juveniles y la lectura entre los más jóvenes.
Cada año un país miembro de dicha Organización es el encargado de convocar a un escritor destacado para redactar el mensaje a los niños del mundo y a un ilustrador para diseñar el póster anunciador. Estos materiales se utilizan de diferentes maneras para promover el libro y la lectura: a través de los medios de comunicación, de actividades en escuelas y bibliotecas, encuentros con autores e ilustradores, concursos, presentaciones de libros, premios, etc.
Este año 2016, se encargó la sección a Brasil de diseñar e ilustrar el cartel, el cual ha sido escrito por Luciana Sandroni e ilustrado por Ziraldo. (Traducción de Elisa Toledo, revisado por María Sampayo Bouza)


ERASE UNA VEZ…
Erase una vez una… ¿Princesa? No.
Érase una vez una biblioteca. Y érase también una vez una niña llamada Luisa que fue a la biblioteca por primera vez. La niña caminaba despacio, tirando de una mochila de rueditas enoooorme. Observaba todo con admiración: estantes y más estantes repletos de libros. Mesas, sillas, almohadas de colores, dibujos y carteles en las paredes.
— Traje la foto — le dijo tímidamente a la bibliotecaria.
— ¡Muy bien Luisa! Voy a inscribirte. Mientras tanto puedes ir escogiendo el libro. ¿Sabes que puedes llevarte un libro a casa?
— ¿Uno sólo? — Preguntó decepcionada.
En ese mismo instante sonó el teléfono y la bibliotecaria dejó a la niña con la tan difícil tarea de elegir un único libro en la infinidad de estantes. Luisa arrastró su mochila y buscó, buscó hasta que encontró su libro favorito: Blancanieves. Se trataba de una edición de tapa dura, con hermosas ilustraciones. Con el libro en la mano empujó su mochila de nuevo y, cuando ya estaba a punto de salir, alguien le tocó el hombro. La niña se dio la vuelta y casi se cae para atrás del susto: nada más y nada menos era el Gato con Botas con su libro en la mano, ¡digo, entre las patas!
— Buenos días, ¿Cómo estás? — le dijo haciendo una reverencia.
— Luisa, ¿Acaso no te sabes de memoria todas esas historias de princesas? ¿Por qué no te llevas mi libro El Gato con Botas, que es mucho más divertido?
Luisa con la boca abierta no sabía qué decir.
— ¿Qué te pasa? ¿Te comió la lengua el gato? — Bromeó.
— ¿Eres el Gato con Botas de verdad, verdad?
— ¡Si, en persona, digo, de carne y hueso! Llévame a tu casa y sabrás todo sobre mi historia y la del Marqués de Carabas.
La niña, de tan perpleja, solo conseguía asentir con la cabeza. El Gato con Botas, con un toque de magia regresó a su libro y, cuando Luisa estaba a punto de salir de la biblioteca, volvió a sentir un toque en el hombro. Era ella: "blanca como la nieve, colorada como la sangre y con cabellos negros como el ébano". ¿Adivinaste?
— ¡¿Blancanieves!? — dijo Luisa anonadada.
— Luisa, llévame contigo también. Esta edición — dijo mostrándole su propio libro — es una adaptación auténtica del cuento de los hermanos Grimm.
Cuando la niña estaba a punto de coger el libro, el Gato con Botas apareció molesto:
— Blancanieves, Luisa ya escogió. Vete con tus seis enanos.
— ¡Son siete y no seis! ¡ Y ella aún no ha escogido! — le dijo Blancanieves roja de cólera.
Los dos miraban a la niña esperando una respuesta:
— No sé cuál llevar...quería llevármelos todos...
De repente, sucedió algo increíble: fueron saliendo de los libros… Cenicienta, Caperucita Roja, Rapunzel. Un equipo completo de princesas de verdad:
— Luisa llévame a tu casa — le suplicaban todas.
— Yo sólo necesito una cama para dormir un rato — dijo la Bella Durmiente mientras bostezaba.
— Solo cien años — dijo el Gato burlándose.
— Puedo limpiar tu casa, pero de noche tengo una fiesta en el castillo del ....
— ¡Príncipe! — gritaron todos.
— En mi cesta tengo torta y vino. ¿Quién quiere? — Ofreció Caperucita.
Y continuaron apareciendo más personajes: el Patito Feo, la Vendedora de Fósforos, el Soldadito de Plomo y la Bailarina:
— ¿Luisa podemos ir contigo? Somos los personajes de Andersen — pidió el Patito Feo que tan feo… no era.
— ¿Tu casa está calentita? — preguntó la Vendedora de los Fósforos.
De repente, delante de todos, apareció un lobo enorme, peludo, muy peludo, con los dientes afilados: ¡El lobo feroz!
— Lobo ¿por qué tienes esa boca tan grande? — le preguntó Caperucita por costumbre.
— Yo les protejo — dijo valientemente el Soldadito de Plomo.
El Lobo abrió la boca y… ¿Se los comió a todos? No. Solo bostezó de tanto sueño y les dijo con calma:
— Tranquilos. Sólo quería darles una idea. Luisa se lleva el libro de Blancanieves y nosotros entramos en su mochila que es muy grande.
A todos les gustó su idea.
— ¿Luisa nos dejas ir contigo?
— ¡Claro que sí! — Dijo Luisa abriendo la mochila.
Los personajes hicieron fila y fueron entrando uno a uno:
— ¡Primero las princesas! — dijo la Cenicienta.
Al final aparecieron también los personajes brasileños: el Sací, el Caipora, una muñeca de tela que no para de hablar, un niño muy loquito, una niña con una cartera amarilla, otra con la foto de su bisabuela pegada al cuerpo, un pequeño rey mandón. Todos entraron.
La mochila pesaba más que nunca. ¡Cómo pesan los personajes! Luisa llevo el libro de Blancanieves y la bibliotecaria anotó todo en su ficha.
Poco después la niña llegó a casa feliz. Su mamá le preguntó desde la cocina.
— ¿Hija, llegaste?
— Síííí, mami, llegamos.





Entre-vistas Lij


"Conversación en el parque…"

Entrevista con Carlo Frabetti


Por Darío Hernández (*)

Carlo Frabetti, escritor y matemático, cultiva asiduamente la divulgación científica y la literatura infantil. Ha publicado más de cincuenta libros para niños y jóvenes, entre los que cabe destacar Maldita física, Malditas matemáticas. Alicia en el país de los números, El gran juego, La magia más poderosa y Calvina (Premio El Barco de Vapor 2007 y White Raven en la Feria de Bolonia). En 2012 fue galardonado con el Premio Internacional de Literatura Infantil otorgado por la UNEAC (Unión de Escritores y Artistas de Cuba) por el conjunto de su obra. Entre sus libros para adultos figuran las novelas Los jardines cifrados, El libro infierno, La amistad desnuda, La bola de cristal y La torre de Hanói, así como los ensayos Contra el Imperio, Socialismo científico, El juego de la ciencia (recopilación de artículos publicados en la sección del mismo nombre del desaparecido diario Público) y El huevo o la gallina. Sus artículos sobre política y cultura aparecen regularmente en periódicos digitales como El Hurón, Insurgente y Kaos en la Red. También ha cultivado la televisión, el teatro, el cine y el cómic. Fue creador y guionista del galardonado programa La bola de cristal de Televisión Española. Es miembro de la Academia de Ciencias de Nueva York, miembro fundador de la Alianza de Intelectuales Antiimperialistas y Presidente de la Asociación Contra la Tortura.

D.H.― Además de escritor, eres matemático… Es genial la forma en la que a menudo has aprovechado la literatura infantil y juvenil para divulgar la ciencia. Novelas tuyas como El gran juego (Premio Jaén de Narrativa Juvenil en 1998) o Malditas matemáticas. Alicia en el país de los números son magistrales ejemplos de esto. Me gustaría que me hablases un poco de ellas, ¿qué te animó a componerlas?

C.F.― Desde que era muy joven me asombra y me preocupa el escaso interés ‒por no decir aversión‒ hacia las matemáticas que muestran muchas personas, incluso personas cultas e interesadas por aprender. Y creo que esto se debe, en gran medida, a que se enseñan muy mal. Cuando las niñas y niños que leen mis libros me preguntan: “¿Cómo consigues que las matemáticas sean divertidas?”, yo les contesto que lo sorprendente es que algunos consigan que sean aburridas. En mis novelas, tanto infantiles y juveniles como para adultos, intento mostrar a las lectoras y lectores el rostro amable de las matemáticas. Que es su verdadero rostro.

D.H.― En relación con esto de aprovechar la literatura para la transmisión de diversos conocimientos (científicos, históricos, etcétera), cabe hablar de la propia introducción de valores morales en las obras, que es algo común en el ámbito literario, pero sobre todo en la producción de literatura infantil y juvenil. Según tú, ¿cuál es la mejor manera de trabajar literariamente estos valores sin caer en estériles maniqueísmos ni en manipulaciones ideológicas de los lectores?  

C.F.― Creo que la mejor manera es invitar a las jóvenes lectoras y lectores a reflexionar sobre determinados temas, describir situaciones de las que se desprende que es mejor colaborar que competir. Hay que huir de la moralina que durante mucho tiempo ha convertido la LIJ en un producto seudodidáctico y adoctrinador.

D.H.― Considero admirable por tu parte, por ejemplo, el haber tratado un asunto como la homosexualidad con tanta naturalidad y frescura como lo hiciste en El ángel terrible. ¿Crees que siguen existiendo problemas a la hora de abordar determinados temas en la literatura infantil y juvenil?

C.F.― Sí, e incluso cabe hablar de censura pura y dura. Y la presión de la Iglesia (que controla gran parte de los colegios, principales clientes de los editores de LIJ) sigue siendo muy considerable. Yo mismo (aunque, paradójicamente, obtuve el Premio de la Comisión Católica para la Infancia) he tenido bastantes problemas en ese sentido.

D.H.― El humor es un componente fundamental en muchas de tus obras. Creo personalmente que el humor es en ocasiones la mejor de las vías para profundizar en asuntos verdaderamente trascendentes, pero evitando con ello los miedos o prejuicios que podría generar su tratamiento desde unas posturas más serias. No sé si en alguna ocasión has experimentado esto que estoy diciendo…

C.F.― El humor es una de nuestras herramientas más importantes, sobre todo a la hora de comunicarnos con las niñas y niños que se acercan por primera vez a cuestiones complejas y a menudo conflictivas. El humor es como un yudo mental que nos permite derribar a enemigos muy fuertes aprovechando el mismo impulso con que nos atacan.

D.H.― Una de tus obras más conocidas, en la que mezclas humor y fantasía, es El vampiro vegetariano… ¿De dónde surgió esa idea de un vampiro aparentemente inofensivo, que bebe jugo de tomate en vez de sangre? Además, no es la única novela tuya en la que aparece este tipo de extraños vampiros...

C.F.― Se podría decir que el vampiro vegetariano soy yo mismo, o intento serlo. Esta sociedad brutal intenta convertirnos en depredadores, y si no nos resistimos con todas nuestras fuerzas, si no abrazamos el vegetarianismo (también en sentido literal: el carnivorismo es la perfecta metáfora ‒o metonimia‒ del capitalismo salvaje), acabamos siendo vampiros morales.

D.H.― ¿Dónde situarías el límite entre la literatura infanto-juvenil y la adulta? Muchos son los casos en los que esta frontera se ha desfigurado. Pienso, por ejemplo, en la novela Platero y yo, que durante mucho tiempo ha sido leída como libro infantil, pero que, realmente, no lo es… El propio Juan Ramón Jiménez llegó a advertir en su momento que Platero y yo no era “un libro escrito sino escojido para los niños”…

C.F.― Dice Michel Tournier que literatura infantil es la que también pueden leer los niños, y me parece una buena definición. No debería haber libros exclusivamente infantiles, pues, como dice C. S. Lewis, no vale la pena leer un libro a los diez años si no vale la pena leerlo también a los cincuenta.

D.H.― ¿Cuáles han sido los autores que más han influido en tu producción literaria infantil y juvenil? Entiendo que hay clásicos ineludibles, como Perrault, los hermanos Grimm o Andersen, pero seguramente hay algunos más modernos que te han influenciado también…

C.F.― En primer lugar y por encima de todos los demás, Lewis Carroll. Y luego Collodi, Buzzati, Calvino, Rodari (¿se nota que soy italiano?), Poe, Twain, Verne, Wells… Cada buen libro que leemos es una clase de literatura, y cada buen/a escritor/a un/a maestro/a.

D.H.― En teoría, los niños reciben mejor unos géneros que otros. Al menos, parecen gustarle, sobre todo, los poemas rimados cercanos a la canción y los relatos maravillosos, especialmente si van acompañados de ilustraciones. ¿Coincides con esta afirmación?

C.F.― Tanto las ilustraciones como las rimas ayudan a las niñas y niños más pequeños a comprender y retener las historias. Pero llega un momento en que las ilustraciones se convierten en una interferencia, hasta el punto de que a veces rechazan los libros ilustrados porque los consideran demasiado infantiles.

D.H.― Muchos de los cuentos clásicos han sido adaptados cinematográficamente, principalmente por la factoría Disney, como por ejemplo La bella durmiente, Blancanieves, La Sirenita… En tu opinión, ¿han favorecido las adaptaciones cinematográficas a las grandes obras de la literatura infantil o las han perjudicado?

C.F.― La mayoría de los productos disneyanos banalizan y edulcoran ‒cuando no los tergiversan‒ los cuentos tradicionales y las grandes obras de la LIJ. Aunque hay que reconocer que algunas de sus películas de dibujos, como Pinocho, son auténticas obras maestras de la animación.

D.H.― ¿Te gustaría, no obstante, ver alguna de tus novelas infantiles o juveniles convertida en serie o película de animación?

C.F. ― Me gustaría, siempre que la adaptación no se quedara en lo meramente anecdótico. No creo que mis novelas sean fáciles de llevar al cine, pues la reflexión desempeña en ellas un papel fundamental.

D.H.― No me gustaría pasar por alto el hecho de que en los años ochenta fuiste uno de los guionistas del famoso programa de Televisión Española La Bola de Cristal (1984-1988), a menudo puesto como símbolo de otra manera de entender la televisión para niños y jóvenes. Luego también colaboraste como guionista en El duende del globo, de 1991, y, poco más tarde, en Colorín Colorado, de 1993. Desde tu punto de vista, ¿crees que la programación infantil de los canales españoles de televisión ha ido perdiendo calidad e interés?

C.F.― Sin duda. Hubo un tiempo en el que, por puro descontrol de los poderes establecidos, se pudieron hacer en televisión cosas ahora impensables (de hecho, La Bola de Cristal se la cargaron en pleno éxito alegando que era propaganda marxista). Y, por cierto, no fui “uno de los guionistas”: yo creé el programa y sus personajes y le puse nombre, y en su primera etapa fui el único guionista; por razones que no vienen al caso, se intentó negar mi paternidad y minimizar mi participación en el programa.

D.H.― Es difícil aceptar, sin más, afirmaciones que, sin embargo, vienen amparadas por la estadística; me refiero a aseveraciones como la de que en España se lee poco; que los niños, adolescentes y jóvenes leen poco y no se interesan por la literatura. De ser así, estamos ante un grave problema…

C.F.― No creo que las niñas y niños lean poco; los que leen poco son los adultos. En la adolescencia se produce un bajón, sí, pero yo creo que es saludable que los adolescentes se interesen más por sus congéneres que por los libros. El problema es que, a menudo, descartan los libros para dedicarse a los videojuegos y otras formas de evasión poco socializadoras. Pero el verdadero problema es que, de mil maneras explícitas y solapadas, los invitamos sin cesar a competir, a tener más que los demás (en vez de ser más con los demás).

D.H.― Otra cuestión que afecta a las nuevas generaciones de lectores es la de los formatos de publicación. En los últimos años hemos asistido a la propagación del libro electrónico. ¿Eres de los escritores que se muestran reacios a estos nuevos soportes de edición?

C.F.― Creo que el libro electrónico es un magnífico invento y que ya es beneficioso para la difusión de la lectura (aunque yo prefiero el papel, sobre todo porque tengo la casa llena de libros por leer o releer).






* Darío Hernández es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de La Laguna (Tenerife, Islas Canarias, España).


Conferencias Lij


Nota: El siguiente escrito fue compartido con la escritora en la “Mesa de autores mendocinos” en el marco del “I Encuentro Internacional de Literatura Infantil y Juvenil y Narración Oral Escénica en Mendoza” realizado en el mes de Mayo de 2015.



Hablar a los malvones

Liliana Bodoc. Foto: Jony Asequia para EdeLij

Por Liliana Bodoc (*)

            El arte no puede existir sino a través de una distorsión, de un quiebre, de una revisión de la normalidad. La música es una alteración de los sonidos habituales. La alfarería es una alteración del barro. La literatura es una alteración del lenguaje. Y del silencio.

            Pensado así, parece que el arte es, por definición, una instancia transformadora. Cuanto menos podemos pensar que, para adentrarnos en la propuesta del arte, es necesario desensillar el caballo de la pura, extrema y urgente cotidianeidad, de la denotación, y de la prisa. El arte, cualquiera de las disciplinas artísticas que conocemos, necesita una aceptación de lo extra-cotidiano. Nos necesita capaces de saber y creer que el sentido de las cosas está plegado como un abanico, que lo que a diario solemos ver es solo el abanico plegado.

            Para adentrarse en la palabra poética y literaria hace falta correrse del lenguaje con el que, hasta recién, hablábamos con nuestro hijo, con nuestra vecina…
            ¿Para hablar con palabras absurdamente coquetas? ¿Para decir blondo en vez de rubio? ¿Para saturarnos de adjetivos? Claro que no, por supuesto que no. Para hablar desde otro sitio y con otro propósito. Como suelen hablarles algunos a sus plantas.
            Hablar a los malvones es palabra poética. No importa si le decimos "Mirá qué grandes están las margaritas" o "Buen día, qué lindo amanecimos" o "Pobrecito, te meó el gato".
            Es palabra poética por el origen y por el propósito.     
            Le hablamos a los malvones desde lo ancestral, desde el viejo chamán que habita nuestra historia, desde la fe. Hablamos con lo que no es evidente, hablamos para romper las barreras de lo posible. No hablamos para adornar la realidad sino para accionar sobre ella. Para que crezcan los malvones. Y es bien sabido, los malvones florecen mejor cuando alguien les habla.

            Hay ciertos versos en los que me quedaría a vivir. Porque proponen mucho más que una línea musical y semántica. Porque proponen un mundo.
            "Yo no tengo en el alma tanto tigre admitido" Escribió Miguel Hernández. Y yo quiero vivir en ese mundo

            "¿Por qué he de empeñarme en que Dios sea una cosa mejor que este día?" Escribió Walt Whitman

            "Esa es tu pena. Tiene la forma de un cristal de nieve que no podría existir si no existieras"  Escribió Olga Orozco.

            Son mundos.  O en todo caso, ensanchan el mundo. Son impugnaciones de la normalidad.

            El tiempo que nos fue otorgado, aun en los extremos de la longevidad, es muy poco para tanta alma. Muy poquita cosa para todo lo que añoramos ser, ver. Para todas las navegaciones y los naufragios que desearíamos experimentar.

            Sin que sea tan evidente, ni factible de ser probado con el método científico, creo que la palabra poética es una dimensión posible.

            Vivir sin poesía es vivir menos. Menos vida, menos gente, menos posibilidades. Como si tuviésemos una casa con sótano y altillo, y jamás los visitáramos.
            Los sótanos y los altillos no son cómodos, asustan, ensucian. Uno llega ahí y ya están los fantasmas. Recuerdos, promesas incumplidas, papeles fechados por una mano ya muerta… Pero son parte de nuestra casa, de nuestra vida. 

            Ni nosotros, ni nuestros jóvenes, ni nuestros niños, ni nuestros malvones podemos vivir sin poesía.
            ¿Qué más da que sea arduo? ¿Qué importa si se resisten a leer? ¿Cómo van a amedrentarnos las nuevas tecnologías?

            La poesía nos enseña a respirar de otro modo. Más pausado y más cierto.
            Todos tenemos un verso en el cual nos quedaríamos a vivir. Un verso destinado a ser nuestro lugar en el mundo. Hay que encontrarlo.    

               Y después, hasta podemos ver que hay otros habitando ese verso. Que un verso es también un barrio. Que encontramos pares allí.  Uno al que le brillan los ojos igual que a mí me brillan. Una que pronuncia bajito igual que yo pronuncio.

            "Te recuerdo como eras en el último otoño"
            "Hablaban de un caballo, yo creo que era un ángel"
            "Conmigo se volvió loca la anatomía. Yo soy todo corazón"
            "Solo porque un amigo es la vida dos veces"
          "No sé qué tiene la aldea donde vivo y donde muero, que de venir de mí mismo vivo más lejos"
            "Los caminos perderán sus ciudades para verte"

            Y para terminar, yo me pregunto: ¿No sigue viva, asombrosamente viva la flor que guardamos entre las páginas de un libro?



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Notas relacionadas en esta página: Entrevista a Liliana Bodoc (por EdeLij)


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(*) Liliana Bodoc, escritora argentina, algunas de sus obras editadas son: “Diciembre Super Álbum”, “Sucedió en Colores”, “Memorias Impuras”,  “El mapa imposible”, “El espejo africano”,  “Presagio de Carnaval”, “El rastro de la canela”, “La entrevista”. “La Saga de Los Confines”, trilogía de épica fantástica compuesta por “Los días del venado”, “Los días de la Sombra” y “Los días del fuego”. La saga de Los Confines ha sido traducida al alemán, italiano,  francés, holandés, inglés y japonés, entre otros. Ha obtenido numerosos reconocimientos como: Premio Fundación El Libro, año 2000. Distinción del IBBY (International Board on Books for Young People), 2001. Premio Barco de Vapor, 2008. Distinción White Ravens 2002, otorgada por el IBBY Internacional. Diploma al Mérito, Fundación Konex, 2004. Candidata al Premio Andersen 2010 por la Argentina.


Artículos Lij: La metaficción, un juego presente en obras para chicos…


La metaficción, un juego presente en obras para chicos…
Por María Candela López (*)
El objetivo de este trabajo consiste en identificar la manera en que el concepto abstracto de metaficción se manifiesta en el libro-álbum Mal día en Rio Seco (Chris Van Allsburg) a través de diversos recursos textuales y gráficos. Para esto, en primera instancia conviene deslindar el significado del concepto de metaficción.
La metaficción es un concepto presente a lo largo de toda la historia de la literatura, pero es en las obras postmodernas donde su aparición se ha intensificado. Y más específicamente, dentro de la literatura infantil actual, el álbum es el territorio que la experimentación metaficcional ha elegido para manifestarse.
Tradicionalmente, la literatura infantil tiende a presentar una visión del mundo sin contradicciones, desarrolla un solo hilo argumental, prefiere los finales cerrados a los abiertos, está focalizada en un solo personaje y no presenta variaciones de estilo, entre otras características. Los recursos metaficcionales descubren las convenciones de esta literatura canónica y revelan la manera artificiosa en que operan estas viejas convenciones.
Las características propias de las obras postmodernas son, entre otras: rechazo al realismo, develamiento de los mecanismos constitutivos de la ficción, conciencia lingüística, un alto sentido lúdico, intertextualidad, intención de producir desconcierto en el lector y, en muchos casos, de hacerle participar en la construcción de la obra, la noción de que la realidad no puede ser reducida a una sola y única interpretación y la conciencia sobre la arbitrariedad del lenguaje.
Las obras metaficcionales ponen de manifiesto las diferentes maneras de ordenar el mundo de ficción y permiten que el lector participe en el acto de darle sentido al mundo literario y sea consciente de qué expectativas y conocimientos pone en juego cuando lo hace.
La metaficción implica aprender a leer distanciadamente, además de hacer evidente el papel activo del lector en la construcción del sentido y de mostrar los aspectos importantes sobre el funcionamiento de la literatura y las posibilidades creativas de los textos literarios.
-Comentario sobre los recursos metaficcionales del libro “Mal día en Río Seco” del autor Chris Van Allsburg, editado por el FCE, México.
La lectura de un álbum resulta un tanto heterodoxa, no tanto por lo que dice, sino por cómo lo hace. “El álbum muestra un trabajo polifónico donde el soporte físico y la narratología visual y textual concuerdan afinadísimamente” (Teresa Durán, 2010:37). Por lo tanto, y ya que el abordaje de un texto de estas características se vuelve complejo, vamos a seguir para el análisis de Mal día en Río Seco el modo de lectura que la autora antes mencionada propone en su artículo Cuando el texto calla. Lectura de un álbum: La reina de los colores.

  • El formato
Mal día en río seco es un libro vertical de tamaño mediano, del estilo de los destinados para que los niños coloreen. Ya la tapa remite a la historieta clásica: el estilo hiperrealista en blanco y negro, figuras solo delineadas en su contorno y el tipo de ilustración que recuerda a aquellas historias antiguas, en lugar de las imágenes tridimensionales con luces y sombras a las que estamos habituados. 

  • La calidad del papel
El papel en el que nos llega Mal día en Río Seco es brillante y satinado, para ser dedicado a la lectura. 
  • Las guardas 
A menudo, las guardas en el libro álbum constituyen un paratexto que preanuncia e informa sobre el contenido del  mismo. En Mal día en Río Seco, las guardas son lisas, monocromas y se destacan por su sencillez: un negro profundo pregona que la vida y los personajes de Río Seco empiezan y terminan en los límites cerrados de las páginas siguientes. Esto se justifica con una última frase que cierra el relato: “Y entonces la luz se apagó”, palabras que recuerdan que bajo la tapa del libro para colorear late la historia de Río Seco. Esta última frase del narrador, ajena al niño/a que ha intervenido sin saberlo en la vida de los personajes coloreados, está destinada al lector, único cómplice de los dos mundos.

  • Cubierta, contracubierta y página de portada
Deben brindar información y a la vez constituirse en un anzuelo para el lector. La cubierta de Mal día en Río Seco muestra en blanco y negro el expresivo rostro del alguacil Ned Hardy en actitud de franca desesperación: su mirada está orientada hacia el cielo –un cielo que no vemos, pero intuimos-, de manera que podemos conjeturar que desde esa dirección llega el motivo de su agobio. Allí se encuentran ya los trazos misteriosos que se incrementan a lo largo del relato y cuyo origen se develará con las últimas páginas. En gruesas letras negras mayúsculas aparece el título de la obra que enmarca la imagen descripta. A pie de página, se destaca el nombre del escritor e ilustrador del álbum: Chris Van Allsburg. La contracubierta presenta otra imagen: esta es una foto del mencionado autor ambientada en una especie de taller donde, suponemos, trabaja en compañía de una nena ataviada como vaquera. Podemos suponer que es su hija y, de seguro, a quien va dedicada la obra: “A Sophia mi vaquerita”, como reza la página de portada. Ambos, padre e hija posan para la foto, mientras pintan –o garabatean- escenas de Río Seco con los mismos crayones que aparecen en las últimas páginas del libro. Con esta foto en la contracubierta del libro podemos reafirmar el gusto del autor por los juegos de ficción: la cadena de representaciones continúa.
La página de portada contiene otra ilustración de las del estilo del western, cuya silueta en blanco y negro, enmarcada y mucho más pequeña veremos desplegarse en las páginas siguientes. Esta también nos adelanta el contenido del relato: se ve al mencionado alguacil en su caballo tratando de acometer las rayas violentas en rojo y amarillo que se avecinan.
 

  • El relato y su progresión, los personajes, la acción y la secuenciación
Ahora nos metemos de lleno en el relato y su progresión. Un narrador aparentemente imparcial, describe casi lacónicamente la demasiada tranquila y monótona vida de Río Seco. El dibujo apoya el texto: “dos docenas de construcciones a lo largo de un camino polvoroso que no lleva a ninguna parte”. Casas sin color, divididas o agrupadas en torno a un camino inservible: “nadie había venido ni se había ido jamás”. El lector se entrega al narrador y queda involucrado en el previsible universo del "Far West"; pero al dar vuelta la página, también en blanco y negro, irrumpe un extraño acontecimiento: “una luz brillante en el cielo del Oeste” y aún más inexplicables “gruesas tiras de una especie de lodo brillante y grasoso” cubren los caballos de la diligencia sin cochero detenida por primera vez en Río Seco. El alguacil Hardy trata inútilmente de arrancar las tiras resbalosas –más adelante sabremos por qué- que inquietan a los caballos y, valiente, decide ir en busca de la causa del misterio. Siguiendo la ruta de la diligencia constata que continúan las marcas, pero ahora se suman los colores: el verde en la naturaleza, el azul en el sombrero y los ojos del inerte cochero, los lilas y rosas en los lomos del ganado. En ese momento y desde allí puede divisar que algo terrible ha ocurrido en Río Seco: las casas del pueblo están cubiertas también con las horribles marcas y rayas. Los habitantes relatan lo sucedido: “de improviso, el cielo sobre sus cabezas se había cubierto con una luz brillante, que congelaba todo lo que tocaba”. Uno de ellos asegura: “como si salieras de un cuarto oscuro y miraras al sol de frente a mediodía” y el narrador remata: “cuando la luz se alejó, estaban cubiertos con las marcas grasientas” (¿acaso la luz cegadora que ven los habitantes del pueblo será la que irradia la lámpara que cuelga sobre la mesa de trabajo del vaquerito?, ¿acaso los personajes la ven cuando la página es dada vuelta y queda abierta bajo la luz de la lámpara? Si tenemos en cuenta esto, podemos decir que, como una metáfora, la oscuridad corresponde al momento en que el libro –o al menos la página- permanece cerrado y la luz cegadora al momento en que el álbum es abierto y “vuelto a la vida”).
El alguacil, como prototipo de héroe western y como no puede ser de otro modo, decide encabezar la lucha contra lo desconocido y sale del pueblo con una cuadrilla de hombres armados. Seguir el rastro del mal no es difícil: “por todas partes se veían rayas aceitosas”. En esta búsqueda se encuentran con el enemigo: “era alto como un álamo y flaco como un palo de escoba” y hecho de la misma “sustancia grasosa” que cubre el paisaje. Atrapados en la lógica de su mundo, los vaqueros están seguros de que “ese larguirucho era el causante de todas sus desgracias”. El terrible enemigo no es más que un vaquero-monigote dibujado con los mismos crayones que el resto de los garabatos que cubren a los personajes de Río  Seco. Este encuentro es el momento culminante para el alguacil y su gente porque cuando van a arremeter contra el monigote “fueron congelados por la brillante luz que repentinamente llenó el cielo”. 


Al dar vuelta la página, se produce la primera revelación explícita del cruce de dos mundos: la ilustración muestra en el ángulo inferior derecho una mano infantil de carácter hiperrealista y en  tamaño real que pinta con un crayón (de las mismas características de la mano) las figuras sin vida del alguacil y sus hombres.
Por primera vez, un nuevo plano narrativo irrumpe a través de la ilustración, ahora independiente del texto verbal.

La doble página siguiente, desde una perspectiva aérea, representa a un niño o niña con idéntico estilo de la mano anterior que, inclinado sobre una mesa, de espaldas al lector, pinta las figuras del álbum de Río Seco. Junto al libro y en el suelo se ven dibujos infantiles, entre ellos el del enemigo-monigote-vaquero. Por primera vez, no existe texto que narre la imagen. El mundo de la historia de los vaqueros ahora queda suspendido -"congelado por una luz brillante", según palabras del narrador- y se abre paso un universo nuevo que da cuenta de las anormalidades grasientas. Es en este momento cuando somos conscientes de que formamos parte del efecto especular: nosotros, los lectores, sostenemos en nuestras manos un libro abierto (un libro-álbum) en una página donde un niño dibuja sobre otro libro abierto (un libro para colorear).
La gradación de planos de realidad está representada por los diferentes estilos pictóricos: el clásico dibujo de figuras delineadas, en blanco y negro, de las primeras páginas (convertidas ahora en ficción de libro para colorear) aparece dentro de un mundo "más real": el del niño/a en el estilo, tamaño y colores hiperrealistas. Este juego de planos también está representado por los diferentes puntos de acercamiento del narrador: el revelamiento de la presencia del causante de los males de Río Seco, se hace gradualmente: de la mano, a la cabeza y espalda del niño/a y de ahí a su cuerpo entero. Se evidencia además con tales propósitos, la presencia de texto escrito que acompaña narrando las secuencias del western y, por otro, la ausencia de este en el estilo hiperrealista que tiene al niño/a como protagonista: “La presencia de dos códigos interrelacionados hace posible que en el álbum se desarrolle un tipo de narrativa con unas características propias que son intrínsecamente afines a la experimentación metaficcional” (María Cecilia Silva-Díaz,  2005: 11). 
La página final muestra la figura infantil protagonista de los desastres de Río Seco que, otra vez de espaldas, deja su habitación para, probablemente, jugar con una pelota que lleva bajo el brazo. Sobre la mesa, ha quedado el "COWBOY, coloring book" cerrado. El libro es ahora un objeto más entre otros objetos que pueblan la habitación del niño/a.
-A modo de conclusión…
Mal día en Río Seco abunda en experimentos que buscan desenmascarar la ilusión de realidad que crea la literatura a través de convenciones que en la narrativa tradicional permanecen veladas. En esta obligada ruptura del pacto, el lector no puede sumergirse, ya que está a la vista el carácter ficcional del relato. Además, debe reconstruir su posición y convertirse en participante activo en la construcción del relato. La ruptura no le permite contemplar pasivamente el curso de las acciones, sino que debe movilizarse para cerrar –o no- la historia y reconstruir el sentido del texto. “La metaficción impulsa al lector a levantarse de su butaca de terciopelo rojo desde la que, absorto, contemplaba el drama; lo guía para que se mueva tras bambalinas y observe con distancia la tramoya y demás parapetos que rodean la escena” (María Cecilia Silva-Díaz,  2005: 21).
Mal día en Río Seco explota la variedad y complejidad de recursos metaficcionales sin abrumar al lector con presupuestos teóricos y sin que la función crítica inunde la ficción.
-Bibliografía
-Silva-Díaz,  María Cecilia (2005). La metaficción como un juego de niños. Una introducción a los álbumes metaficcionales. Caracas: Banco del Libro.
-Durán, Teresa (2010). Cuando el texto calla. Lectura de un álbum: La reina de los colores. En Mendoza Fillola, A. y Romea, C. (Coord.). El lector ante la obra hipertextual. Barcelona: Horsori.

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(*) María Candela López Profesora de Grado Universitario en Lengua y Literatura por la UNCuyo. El presente escrito forma parte del trabajo realizado para el Curso-Taller: “¿Cómo promover la lectura en niños y jóvenes?” (Resolución Nº 0221/2011) coordinado por la profesora Silvina Juri y organizado en la sede de EDELIJ (Mendoza).






Experiencias Lij

Leer porque sí

(Juul, una lectura desafiante…)

Por Silvana Villa (*)



Experiencia de lectura del libro álbum: Juul de Gregie de Maeyer  y Koen Vanmechelen


La siguiente experiencia de lectura se realiza en el Colegio San Antonio María Claret, 2° año del nivel secundario.


En primer lugar mi reconocimiento al Curso-Taller: “¿Cómo promover la lectura en niños y jóvenes” el  cual me permitió apreciar con mirada renovada el sentido y potencial de libros destinados a chicos cuya propuesta está enriquecida por el abundante uso de imágenes en combinación con el código textual, a menudo llamados libros álbumes, los cuales, tal vez, por el tipo de formación adquirida y la experiencia de vida lectora, no siempre contaron con mi beneplácito, ya que los suponía sólo para un limitado grupo de lectores, especialmente los que aún no manipulan el código alfabético. Por otra parte, también quisiera resaltar el enriquecimiento producido por el intercambio, reencuentro y coincidencia de prácticas con colegas y de las tantas reflexiones alcanzadas en el taller en compañía de la coordinadora, tales prácticas estimularon en mí la premisa de la lectura placentera, la lectura del porque sí, con todo el compromiso y los aprendizajes implícitos que implica su implementación.

La experiencia que aquí comento la desarrollé con un grupo de alumnos de una escuela secundaria del Barrio La Favorita de Capital de Mendoza, no solo con la intención de estimularlos a leer, sino también, a tratar uno de los temas escolares de incremento en este último tiempo: el llamado “bulling” o segregación escolar.

En principio, la actividad áulica consistió en invitar de forma individual a realizar la lectura del libro denominado Juul, sin contar, en un comienzo, con el total agrado de los jóvenes. Aunque luego consintieron más entusiasmados, sobre todo porque les pedí que sólo disfrutaran del libro y no sólo de la lectura sino del formato, paratextos, etc. Observé cómo tomaban el libro y lo valoraran desde la tapa hasta la última página, sus rostros de sorpresa e interés también crearon cierta expectativa en aquellos que todavía no lo habían leído. La sorpresa más grande en ellos fue que solo les solicité una breve apreciación por escrito en unos papeles pequeños que les tenía preparados a cada lector.

A continuación presentaré algunas expresiones de los estudiantes después de hacer la llamada lectura  ingenua (primer lectura o lectura sorpresa):

“No me gustó nada la historia, pero creo que este libro ayuda a superar las burlas ajenas. Estas situaciones suceden siempre y la narración está muy buena para ponerse a pensar.” Fabricio P.

“A Juul lo discriminaban, le ponían apodos que no le gustaban.” Sebastián C.

“La impresión que me causa es de discriminación, de cómo día a día van deteriorando a Juul. Pero, como siempre en el camino encontramos un alma caritativa que te protege con cariño y te da una mano.” María D.

“No me gustó porque Juul era muy discriminado.” Ezequiel G.

“Es algo que pasa, la burla a la gente, la discriminación. Produce lástima y hace que la persona se sienta mal.” Franco H.

“Opino que es feo que los adultos o los niños se queden callados cuando otros se burlan al ver a una persona discapacitada o con dificultades físicas ya que hacen sentir mal a esa persona.” Karen S.

“El cuento me pareció un poco cruel pero está bueno. También opino que Juul no debería haberles prestado tanta atención a los chicos.” Franco Z.

“A mí me pareció feo el cuento porque había mucha burla y discriminación. También para mi Juul no tendría que haberlos escuchado, que no se hubiera lastimado a medida que se burlaban. ¿por qué los siguió escuchando y se hizo tanto daño? ” Victoria R.



Posteriormente y aprovechando que estábamos abordando los “textos argumentativos”, retomamos la experiencia lectora del libro Juul y dimos lugar al debate, expresándose cada uno de acuerdo a las características de los personajes y las diferentes situaciones narrativas que más les llamaron la atención. Por la riqueza el debate generado les propuse realizar en parejas  cartas que fueran escritas para Juul, lo que permitió generar la actividad de producción escrita  dando como resultados interesantes producciones como la que aquí comparto:


“Mendoza, 30 de setiembre de 2013

Querido Juul:  

                      después de haber leído tu historia, te queremos contar cómo la interpretamos y la apreciación que dimos a cada uno de tus malos tratos. Primero, fue muy gracioso cuando te arrancaste el cabello porque te decían: “¡Hilo de cobre!”. A nosotros eso nos hizo recordar cuando a nuestra compañera Romina le decimos: “¡Pelo de alambre!”, ¡que gracioso!; o cuando usabas gorrito y no veías nada te parecías mucho a Sebastián, un compañero que también usa gorra y no ve nada  pero es por su súper y larguísimo flequillo;  o también, en la situación que te gritaban “¡Ja,ja,ja, tartamudo!”, te parecías muchísimo a nuestra compañera Ayelén que cuando quiere explicar alguna tarea tartamudea y nunca se le entiende nada. E idéntica fue la situación donde tuviste “brazos de salchicha” como nuestra queridísima Karen con sus largos brazos de salchichas movedizas.

Ahora más serios te queremos decir que nos da una gran pena el saber sobre todos los malos ratos que has pasado, y que muchos de tus sufrimientos son similares a los que suceden en nuestra escuela, ya que nadie se trata con respeto y hay muchas rivalidades, te insultan, te ponen sobrenombres hirientes, y siempre te hacen la vida imposible.

 Sin embargo, aunque el bulling y las burlas andan por muchos lugares, igualito que en tu historia, nosotros somos algo diferentes. Aquí, en nuestra escuela por suerte estamos acompañados por personas que siempre están cerca de nosotros, ellas nos enseñan, todo el tiempo,  a superar nuestras diferencias, a saber aceptarnos como somos y respetarnos.

Como verás, aunque la tuya sea la historia que está escrita, hay muchas que suceden y son muy similares.

Bueno, nos despedimos Juul, esperamos que ya no te molesten y sepas superarlo igual que muchos que pasaron por esa realidad.

Aye, Kare, Chino y Fabri”

Aquí concluye parte de mi experiencia de práctica docente con un libro álbum, fue una práctica de interesante crecimiento tanto para mis jóvenes alumnos como para mí. Manifiesto  que acudiré a ellos en futuras planificaciones escolares y acordaré trabajarlos de forma interdisciplinaria con los colegas de mi colegio, ya que es un interesante recurso que abarca a múltiples lectores y pueden ser usados como proyecto educativo transversal a varios cursos. Celebro una vez más haber tenido la posibilidad de tal formación a modo de descubrimiento para mi práctica docente.



(*) Silvana Adela Villa Profesora de Grado Universitario en Lengua y Literatura por la UNCuyo. La experiencia comentada forma parte del trabajo realizado por S.A.Villa para el Curso-Taller: “¿Cómo promover la lectura en niños y jóvenes?” (Resolución Nº 0221/2011) coordinado por la profesora Silvina Juri y organizado en la sede de EDELIJ (Mendoza).